Sabéis, en resumidas cuentas, de qué trata, ¿verdad? Un gato es encerrado en una caja junto con veneno, y esto con el paso del tiempo hace que sea imposible averiguar si el gato está vivo o muerto. O más bien, afirmar el estado del gato, ya que por poder, podría estar creándose un universo dentro sin que tú te dieras cuenta siquiera.
¿Qué pasaría si abriéramos la caja? Nada, porque al fin y al cabo ese féretro no existe con la concepción que nosotros tenemos de una caja. Podemos abrir todos los recipientes del mundo, pero nunca daríamos con el verdadero, y esto es por el simple hecho de que nosotros estamos dentro de él.
"Pues vale", diréis. "¿Y qué?"
No lo sé. No lo sé, no tengo ni idea, pero sí es cierto que hay un hecho inevitable que nos hace imposible el poder entretenernos con nuestras aficiones. Y ese problema es la caja.
Su interior está inclinado, no es una mera superficie rectangular. Hay gente que se apelotona al fondo, y mientras, otros intentan escalarla.
Por supuesto, por encima de la cabeza de los demás.
¿Y esos pobres diablos que se quedan al fondo? Algunos intentan subir, sin lograr nada, porque carecen de fuerza, y otros simplemente ven más cómodo recostarse bajo los pies de la gente aun a sabiendas de su posición.
¿Qué es mejor? Diréis "pues subir, claro". Cada escalón que pasamos muestra a través de una pequeña ventanita el mundo de fuera.
Sí, ¿verdad?
No, claro que no. El gato... ¿Y si el gato no fuéramos nosotros? ¿Y si solo fuésemos las células que lo componen? No veríamos el exterior por esas ventanitas, lo que veríamos sería la piel del gato por dentro. ¿No es esto aún más desagradable e inútil que dejar ser pisoteado?
Tampoco. Lo mejor es subir, subir a la cima de la caja, dejando tripas y huesos rotos por doquier (metafóricamente hablando), y una vez en lo más alto, tumbarse en un costoso sofá de piel de leopardo y rascarse los huevos hasta que se gasten por el rozamiento. Entonces los demás te mirarán furiosos, envidiosos, sedientos de sangre. ¿Pero qué más da? No te pueden tocar. Que se pudran esos pobres infelices. Es más, ellos te odian, cuando tú lo único que has hecho en la vida ha sido basado en la ley de supervivencia. ¿Por qué? ¿Por qué te odian tanto entonces? No lo entiendes, así que les escupes, les meas en la cara y otras cuantas atrocidades más que no pienso nombrar.
¡Oh, alma evocada al sufrimiento eterno!
¿Dónde están tu leche y tus galletitas de compensación por haber conseguido alcanzar esa pequeña consolación por no poder salir de la caja?
Entonces te das cuenta, y una divina iluminación te golpea en la cara.
¡Dios, un milagro! ¡Solo ha podido ser un milagro!
Y con el saber que se encuentra ya posicionado en tu dolorida cabezita...
Saltas.
Caes.
Mueres.
No mueres.
El milagro.
Te apalizan.
Te escupen.
Te mean encima.
Y otras cuantas cosas más.
¿Por qué?
Ni ellos lo saben.
Pero tú sí lo sabes. Y lo entiendes. Tu mayor pecado.
Pero ya es demasiado tarde. Y aunque no lo fuera, no sabrías arreglarlo, porque sencillamente no se puede.
No se puede, ¿verdad?
Entonces cierras los ojos y despiertas.
Tierra a la tierra, ilusiones a las ilusiones. Descansa en paz, mi dulce soñador de la ilusión que ha sido bendecido por un milagro.
...Y bienvenidos, compañeros de fatigas, amantes del terror desenfadado, a esta oscura prisión de carne y sangre. El Rey ha muerto y ahora tenemos vía libre para escalar esta sucia montaña de la locura, antónima del mismísimo Purgatorio. Desde hace evos se nos ha prohibido escalar sus muros y coronar sus montañas en pos de la verdad eterna, tal y como dicen los Antiguos Escritos. Bien es verdad, si nos atenemos a sus afirmaciones sagradas, que cada nivel de la deforme ciudad en la que nos encontramos contiene un pasaje que conecta directamente con el más allá. Pasajes, cada cuales, en palabras de nuestros ancestros, más oscuros y tenebrosos. También se dice que nuestro omnisciente y difunto gobernador logró una vez alcanzar lo inalcanzable; bien, a esto, pocos niegan pero muchos dudan. Solo un muerto puede conocer la verdad, y solo un muerto puede entender la verdad.
Estamos en eras oscuras; la peste nos ha hecho una visita y la muerte ya poco se digna a esconderse de nosotros. Os ofrecemos pues, queridos amigos, la oportunidad de rozar esa cima, pero no se os ocurra pestañear, o entonces la volveremos a perder para siempre...
Recordad: la única persona que consiguió lo inalcanzable murió no de vejez ni por causas naturales. Se dice que la locura era el único aliado que le consolaba, y que el dolor humano no le surtía efecto. Pero no temáis, esta opción que os regalamos puede ser rechazada y desechada, eliminada de vuestros recuerdos y olvidada en la Eternidad como lo ha estado siempre hasta este momento. Pero nunca olvidéis los horrores que aguardan desde la Eternidad más eterna y la caprichosidad de la que presume el Destino.
Alzaremos el portón ahora mismo. Deseamos con toda nuestra fe que vuestro espíritu no sucumba ante los innombrables horrores que se os avecinan. Bienvenidos a la locura de los malditos, bienvenidos a la ciudad de Schrödinger.
Disfrutad las ilusiones enmascaradas en realidad, y descubrid la realidad escondida en las ilusiones.
Te has pasado de emo-cional XP
ResponderEliminarIntento fallido en el proceso de la información -dice mi cerebro (no todos los días se tiene el cuerpo para paradojas jajajaja). Te felicito, Yasu, muy interesante tu modo de plantear una reflexión sobre los probables multi universos que nos rodean (otra cosa es que seamos capaces de percibirlos). Todo un mundo, mejor dicho, unos cuantos mundos, por descubrir, no al alcance de cualquier iluso...
ResponderEliminarPor cierto, me encantan las ilustraciones, hablan por sí solas. Seguiré pendiente en tu Blog de cuanta idea te nazca porque de seguro valdrá la pena. No es fácil encontrar vistas de las que disfrutar y este pequeño-gran solar, promete. :-)
Rocío