jueves, 8 de julio de 2010

[Maquillarse delante del espejo puede llegar a ser perjudicial para la salud]

Le tengo miedo a mi reflejo. Vivo solo, trabajo solo, he de decir que lo hago todo por mi cuenta, pero nunca antes me había sucedido algo parecido. Solo hay un espejo en mi casa, el cual se encuentra cubierto por una fina tela verde oscura que descansa en el cuarto de baño. Cada vez que entro lo hago con miedo, como si esperara que alguien o algo fuera a devorarme una vez entre ahí, aun siendo consciente de que el espejo se encuentra completamente cubierto. Pero no puedo evitarlo, es algo que me supera.
Una vez, mis compañeros de trabajo, preocupados, descubrieron dónde vivía y vinieron a mi casa para forzarme a levantar la tela que tapaba el crista. Eso te ayudará, es por tu bien, se defendían. No me quedó más remedio que dejarlos inconscientes y sacarlos de mi casa antes de que se atrevieran a hacerlo. Eso sí que era realmente por su bien.
Y ahí estaba yo, acudiendo al sonido de un timbre tan extraño que ni reconocía, resonando entre las cuatro paredes. Al abrir, me encontré con la novia de mi hermano mayor.
- Oye tío, verás... Pasaba por aquí dirección a la casa de tu hermano, y me han entrado unas ganas terribles de usar el baño. ¿Podrías, por favor...?
- Oh sí, claro. Adelante.
Le indiqué dónde se encontraba el habitáculo y esperé sentado en el sillón de la sala principal de la casa mientras leía el periódico desde el portátil. Se estaba retrasando bastante. Demasiado...
- ¡Mierda!
¿Cómo he podido ser tan estúpido?
- ¡Joder!
Siempre estoy pendiente, siempre, pero esta vez, por alguna razón...
Abrí rápidamente la puerta y la encontré, retocándose el pelo, frente al espejo.
- ¡Mierda! ¡¿Pero qué has hecho?!
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- El espejo... ¡El espejo!
- ¿Qué le pasa al espejo?
Y entonces lo vi. Vi que no había nada en él aparte de la novia de mi hermano, y de mí.
- ¡Me voy! -Gritó mientras farfullaba para sus adentros y cerraba la puerta de un portazo. Entonces me quedé mirando al espejo, concentrado, solo. No había nada, realmente nada. Tantos años asustado para... ¿Eh? ¿Qué es eso? En mi rostro encontré una pequeña verruga en la parte superior derecha del labio, pero nunca había tenido nada así. Acerqué mi mano lentamente hacia el lugar... y era exactamente como pensaba, nada. ¿Será...? Me acerqué más al frío cristal e intenté quitar esa extraña mancha marrón del espejo. Como esperaba, mi mano se introdujo en él, y entonces pude palparla junto al resto de mi faz. Unas grandes salpicaduras de sangre se incrustaron en el cristal, desde dentro hacia afuera, pero cuando me quise dar cuenta, mi brazo se encontraba ya introducido por completo en el otro lado. Y mientras, mi otro yo seguía tirando de mi cuerpo. Intenté resistir como pude, pero cuanto más tiraba, más fuerza ejercía ese ser.
Frío, estaba frío. Solo mi cabeza se encontraba fuera del espejo, pero estaba demasiado congelado como para poder resistir. Entonces mi otro yo sacó su brazo desde el otro lado del espejo, cubierto de sangre, agarró mi nariz y tiró hasta introducirme por completo. Ahora, lo único que queda es una casa vacía, sin muebles, sin color, sin vida. Solo ese solitario espejo colocado en el cuarto de baño, esperando a que algún alma inocente como la mía vuelva a reparar en él.

1 comentario:

  1. Buen relato, el modo de narrarlo y lo que plantea. Como reflejo de la soledad, me parece del todo acertada la siguiente frase:
    "Y ahí estaba yo, acudiendo al sonido de un timbre tan extraño que ni reconocía, resonando entre las cuatro paredes."

    Yo interpreto que el espejo podría representar la fina línea que separa el Bien y el Mal que habita en el interior de todo ser. El protagonista se enfrenta a sus miedos, a la par que el lector a los suyos propios... A mi parecer, de un modo muy interesante, la historia nos obliga a reflexionar sobre nuestro yo desconocido (uno o más de uno). Hace que dirijamos la mirada hacia ese latir de nuestro ser que ni siquiera nosotros mismos conocemos del todo.

    Rocío

    ResponderEliminar