El temor se apoderaba por completo del cuerpo de María; el hombre
no se apartaba de la ventana, fijando en ella su mirada, sin pestañear ni en un
solo momento. ¿Su madre le había dicho algo para estos casos? No lo recordaba,
así que actuó con la poca conciencia que le quedaba. Corrió junto a su peluche
escaleras abajo y se encerró en el cuarto de baño, echando el pestillo para su
seguridad. Entonces recordó las palabras de su madre. Había un número al que
debía llamar en casos de emergencia como este, que se encontraba justo al lado
del teléfono de la cocina. Salió asustada del baño y se encaminó hacia su
objetivo. A mitad de camino, un pequeño traqueteo paró en seco a la pequeña en
el estrecho pasillo, sonido que cada vez se hacía más intenso, más fuerte, más
violento... La ventana cedió, y los cristales volaron en mil pedazos.
domingo, 1 de abril de 2012
Y un cuento... 2
Aquí me tienen de nuevo.
Acabo de regresar, y lo primero que ha cruzado mi vista ha sido la ligera
inclinación de El Hombre con respecto a su postura inicial. Imagino que el
viento, ya que la ventana se encuentra abierta, ha tenido algo que ver. Bueno,
esto ocurrió ayer, tras un corto paseo nocturno antes de acudir a mi cita con
la almohada. Hoy es un nuevo día, aunque he de confesar que en mis sueños ha
aparecido esa pintura. Sí; estaba en mi habitación, como siempre, hablando con
vosotros, cuando de repente el cuarto comenzó a tornarse negro, un negro
procedente del cuadro que se oscurecía cada vez más. Tras eso, un grito
desollador. Y entonces desperté. No ha ocurrido nada en la casa, como era de esperar, durante todo el día, así
que hoy vuelvo solamente con el final de mi último relato en mente. Espero que
lo disfruten:
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario